Unido a...

miércoles, 15 de junio de 2011

La ira del filósofo, de Eduardo Parra Ramírez


Hacía tiempo que, un libro, no me capturaba con tal intensidad como lo hizo La ira del filósofo, del escritor Eduardo Parra Ramírez. Desde que comencé a leer las primeras páginas me resultó imposible suspender la lectura por más de un par de horas. Una sola tarde me llevó enterarme de las vicisitudes, alegrías, gustos (conscientes e inconscientes), y confesiones del (a partir de ahora) entrañable Teo Mondragon, cuasi-licenciado en estudios universitarios de filosofía. Pero, doctorado en filosofía de la vida

Un verdadero filósofo no es aquel que acumula datos, fechas, conceptos dentro de su cabeza, ni siquiera aquel que, luego de convertirse en flamante licenciado en el ramo del pensamiento y la reflexión, ha de pasar el resto de su vida comentando las tesis de aquellos quienes le antecedieron, sino aquél que pone a prueba, día a día, las reflexiones brindadas, a través de está práctica. En pocas palabras: Ser filósofo es ser uno mismo.
En este caso, nuestro filósofo, y protagonista de la novela, resulta ser alguien cínico, desencantado, fachoso. Del mismo modo que resulta ser sensible, esperanzado, y... no, nunca distinguido. Al menos, no en el sentido popular del término, es decir, pulcro y elegantemente vestido. No, nuestro personaje no es el clásico héroe de las novelas rosas, sino un anti-héroe. Uno de esos personajes que va solo contra el mundo. Y no me refiero simplemente al mundo físico, sino también al metafísico. La batalla que tiene que librar este anti-héroe, no es solamente contra las personas, y sus actos rastreros llenos de incidía, e hipocresía. El conflicto se extiende hasta los linderos de la divinidad, los instintos; y todo aquello a lo que no tiene acceso, sino la intuición pura

En lo personal, me atrevo a considerar este libro como una de las primeras obras, de la generación de los setentas, que debiera tomarse en serio. Hasta hoy, no había encontrado a un autor que observará con tal honestidad y certeza al alma humana. Lo cual le otorga los bríos necesarios para adentrarse en temáticas que van, desde el más fino humor, hasta el más descarnado de los dramas.

Aquello que siempre está en juego en la trama de la historia es el aspecto ético y moral del personaje. Ya que como mencionaba respecto a la condición de filósofo (ser filósofo es ser uno mismo), ser uno mismo es ser siempre el mismo bajo todas las circunstancias de la vida. Lo que diferencia a este personaje del resto, es el mantenerse firme dentro de sus propios principios. Por lo menos, del modo en que se menciona en el mismo libro: se puede ser suave en la forma, e inflexible en los principios. En esa frase radica el carácter de toda la obra, es decir, el carácter de Teo Mondragon.

No es fácil mantener siempre a raya nuestras más intimas e inconfesables apetencias, y eso ya lo sabían muy bien los antiguos filósofos griegos. Pero el estudio (práctica) de la filosofía, debería conducirnos a ello. De otro modo se consideraba una actividad infructuosa. Tal como lo demuestra el gran cúmulo de ejemplos en la vida de los verdaderos filósofos.
El leitmotiv de este libro puede mostrarse en uno de los cuestionamientos que uno de sus alumnos (Mao) le echa en cara:

Prof, usted tiene dos caras bien diferentes. En clase dice que la humanidad es una mierda, que no tiene remedio, que lo mejor sería que exterminaran a todos los imbéciles, o sea, a la gran mayoría de las personas. Y ahora resulta que, porque vio un vídeo de crímenes, ya se volvió defensor de la vida, y los que no pensemos como usted somos indiferentes y ojetes. ¿Se da cuenta? Son dos ideas contradictorias. ¿Cuál de las dos es una pose?

Lo que esta obra trata de mostrarnos no es siquiera el estado putrefacto, fétido, e hipócrita del mundo, sino los conflictos incesantes que mueven al alma humana de un extremo a otro. Por lo tanto, la lectura de La ira del filósofo, no resulta apta para quienes se sienten satisfechos con la máscara que portan (según la requieran). Esa gente con seguridad se sentirá agredida, así que mejor eviten la lectura. De ser posible la lectura en el sentido más amplio de la palabra. Para el resto, queda ver quién, entre todos, acepta el reto de contemplarse a sí mismo desde una perspectiva verdaderamente honesta. ¿Quién acompañará a este anti-héroe, en ese hediondo y difícil trayecto que busca inconscientemente liberarse de La parte maldita que todos llevamos dentro?

sábado, 4 de junio de 2011

EL REFUGIO DEL HURÓN, de Juan Gerardo Aguilar


Las historias que integran el libro, El refugio del hurón, del escritor zacatecano, Juan Gerardo Aguilar, muestran distintos resguardos en los cuales la felicidad pretende buscar seguridad. Refugios que la mantengan a salvo de los sucesos inesperados. Pues, el simple desprenderse de las hojas de los árboles, bien podría ser el comienzo de una cadena de acontecimientos que darán un rumbo nuevo al destino de cualquiera. La consigna es escabullirse a tiempo del sino fatal del destino, al esperar siempre lo inesperado. De otro modo, las consecuencias suelen ser desfavorables, como bien lo dice el protagonista de la narración que da título al libro: “Subestimar a un oponente es un error que se paga caro”.

Liberarse de la anodina rutina a la manera de un enfermo terminal que, cierto día se entera que aún le queda una oportunidad más de continuar su vida en otro sitio. Lejos de sus certezas, y de sus actividades repetidas durante años. Quizá toda la vida. Escapar de las propias ruinas para fundar una historia nueva. Comenzar desde cero. Reducir a cenizas las memorias del pasado. Prenderle fuego a todo para echarse a caminar hacia adelante, en una interminable búsqueda de la felicidad. Alejarse antes de que sea demasiado tarde. Antes de que arribe la tempestad.

Prisioneros del fantasma del tiempo, muchas ocasiones solemos esclavizarnos a la rutina de la otra persona que envuelve (en sí misma) la esencia de nuestra propia felicidad. El motivo suficiente para concebir todo como un plan de acción para el siguiente día. El enamoramiento como fuente de vida. Como inspiración para esforzarse un poco más. Y de pronto, la vida vuelve a tener sentido, ya que aparece en ella un nuevo deseo.

En el cuento titulado Flores en la ventana, se muestra como un elemento indispensable en la ecuación del cortejo (inicio del camino hacia la felicidad), puede ser capaz de quedar fuera de la misma fórmula: Las flores:

“Por la apacible sensación que insuflan, porque hacen buena compañía, y viven solo lo necesario; a las flores no se les llora cuando mueren, es la ventaja que tienen sobre otros seres vivos, incluso sobre los humanos.”

La historia que, a causa de un descuido en los detalles, habrá de permanecer inconclusa para siempre, porque la vida es un concierto de instantes (o “fotografías ordenadas cronológicamente”), y perder uno solo, es igual que no haber escuchado nunca la sinfonía de la historia personal en cada uno de sus notas. Historia inconclusa.

En este caso, la nota del enamoramiento y sus consecuencias inevitables. Pues es evidente que todo tiene consecuencias. Cada decisión tomada, tarde o temprano vendrá a cobrar la factura. Ante tal evidencia, otro de los personajes manifiesta que: “Lo difícil no es aceptar que las cosas sucedan, sino aceptar que te sucedan precisamente a ti”. A ti que acostumbras ir por la vida intentando esquivar las trastadas de la vida; así sea evitando la vida misma. Entonces es cuando se vuelven necesarios los placebos para la felicidad. Ya sea a través del sopor televisivo; el cuerpo de una mujer; imaginarse vivir una existencia distinta a la propia; o a través del arte, aunque cueste la vida.

Seres cautivos dentro de sus propias cárceles. Prisiones materiales o intangibles. Unas reteniendo cuerpos entre sus muros. Las otras, almas.

“Cada uno habita un microcosmos distinto”, asegura el narrador de una de las historias. Eternos moradores de sus infinitas prisiones. El cuerpo de un hombre aprisionado dentro de un hospital: Su mente en su cuerpo: Su alma en su mente: Un pez en su pecera.

Por otra parte, la prisión de los celos suele ser una historia en donde nadie es inocente, excepto el único señalado siempre como el culpable. Los celos son otra de las tantas trampas de la mente, y una de las más poderosas prisiones que no cualquiera puede evadir con suficiente fortuna. Muchas veces, la única manera de evadir una de las tantas prisiones es, a costa de la vida.

Las fronteras son otra representación de la prisión (“este universo paralelo dividido por un rio”). Y un posterior descubrimiento de la realidad, al darse cuenta de lo que las cosas en verdad son: “líneas imaginarias creadas para prohibir las idas y venidas de la gente”. Prisiones y fronteras, sinónimos de un mismo hecho: “mantener a las personas dentro de ciertos parámetros que permiten un control de la vida en común”.

En síntesis, estos refugios que creen encontrar los personajes que pueblan las narraciones, terminan por transformarse en autenticas prisiones. Lo que, al menos a mí, me lleva a pensar en la felicidad como en un continuo acto de escapismo. Y en consecuencia, dejar atrás, lo más pronto posible, esos refugios de la felicidad. Antes que alguno de ellos se transforme en la última de nuestras prisiones.

lunes, 14 de marzo de 2011

ERASE UNA VEZ EL AMOR PERO TUVE QUE MATARLO, DE EFRAIM MEDINA


En apariencia, se trata de una serie de historias que se entrelazan a lo largo de la obra. Las aventuras de Rep y sus amigos (Toba, Ciro, Ray), la relación sentimental entre Rep y su chica; las desventuras entre Sid Vicius y Nancy, la caída de Kurt Cobain, el lazo de cariño entre una abuela y su nieto, etc. Yo me atreveré a dibujar mi propia versión de los hechos, la cual, es la siguiente: La historia, en apariencia forzada, representa el estado anímico del mismo Rep, al encontrarse aún, inmerso en su relación con “cierta chica”. En tal sentido que, por ejemplo, Nancy representa la parte intelectual, y Sid, la parte sensible. Entre ambas entelequias se desarrolla un conflicto demasiado profundo, a tal punto que, uno de los dos debe “morir” para que el otro continúe respirando. Del mismo modo, Dillinger representa esa parte “salvaje” que se acrecienta ante la falta de perspectivas claras y bien definidas, dentro de una sociedad que, por lo general, tiende a deshacerse de aquellos que no estén dispuestos a aceptar y cultivar los preceptos que la sostienen, y mantienen, vigente.
Intempestivamente el protagonista principal de la historia irrumpe, dando una descripción de sí mismo, además de una suerte de advertencias:

“No digo que soy malo pero digo ten cuidado. Soy de una raza indómita, que se mueve rápido, esa clase de seres que deja a su paso un rastro de ansia. Ya no digo mentiras porque perdí la imaginación pero no hay nada que sea confiable en mis verdades.”

Ya sin cortapisas que obliguen a ajustar la conducta a ciertos lineamientos, al saber que no se debe nada a nadie, sino por el contrario, viene el momento de (a la manera del “cobrador”, personaje de uno de los cuentos de Rubem Foseca), Rep y sus amigos, se dedican a llevar una vida licenciosa y hedonista que no acepta un NO como respuesta frente a sus deseos, los que, poco a poco, se van extendiendo hasta llevarlos más allá de las fronteras de Ciudad Inmóvil, Toba es el primero que decide probar suerte en Bogotá. La ciudad lo lleva a perder su antiguo interés político, para adoptar a Bob Marley como su profeta “un profeta marihuanero y gozón”. Del mismo modo, Toba es el primero en enfrentarse a las decepciones del amor. Toba dice que “el amor es un fraude”

“El amor no es un fraude, Toba. El amor es un límite y nos mide.”


Al poco tiempo, Ciro y Rep se mudan a Bogotá, con Toba, la mayor parte del tiempo se dedican a contemplar el cielo raso, y a reflexionar en todo lo que se encuentra a su alrededor, con la paciencia profunda y “ociosa” de los primeros pensadores de la Antigua Grecia, aunque, por supuesto, adaptada a las condiciones de los tiempos que corren:

“La filosofía escruta la existencia pero no nos ayuda a existir. La religión nos enseña a despreciarnos. El arte es una buena coartada pero lejos de casa se vuelve innecesario.”

Rep es el siguiente en padecer los estragos de las decepciones amorosas, lo que lo lleva a reflexionar al respecto, se ve inmerso entre aquello que quisiera que fuera y lo que es. Por más que se profese una infinita fe en algo, siempre llegara el momento para darse cuenta que algunas cosas (por más que se deseen) nunca podrán ser como uno quisiera que fueran. Y no resta nada más que continuar adelante. Plantarle cara a una vida que, si antes del amor era dudosa, al término se vuelve aún más sospechosa. La impotencia de alcanzar los objetivos y aquello que se vislumbra con ciertos matices de una posible felicidad, así, de un día para otro, se tornan en un dolor agudo que parece difícil de superar.

“Cierta chica sigue doliéndome, no encuentro lo que busco y lo que busco ya no puede ser ella, ella me mandó a ver si la puerca puso y cuando le dije que sí, me mandó a peinar tortugas. Estuve intentando un tiempo pero ya sabes que cuando el amor se apaga es más frío que la muerte. Lo malo es que los dos extremos no se apagan al tiempo y cuando eres el extremo que sigue activo más te valdría estar muerto.”

Las imágenes con las que Efraim Medina nos dibuja los estados anímicos de los personajes nos llevan, incluso, a sentirnos dentro de la piel de estos. La empatía que despiertan nos lleva a asumir una complicidad unilateral, ya que, sabiendo que al llevar la vida por ciertos rumbos, esta, inevitablemente, desembocará en ciertos parajes espinosos que siempre moverán a la adherencia de las causas perdidas. El idealismo romanticista en todo su apogeo.

“Cuando se está así todo es apropiado, el mundo gira sobre tu mano y aunque no es nada, brilla. Ella tiembla cuando la rozas, te entrega todo, aun lo que guardaba para el mal tiempo. Una dulce y sensible criatura de Dios. Eres su héroe y no tienes que esforzarte para ser bueno y confiado.”

Y enseguida, el tránsito de tal estado a su contraparte.

“Y un día todo acaba, ella dice jamás y es en serio. Te enloqueces tratando de abrir la puerta que abriste mil veces. Eres para ella menos que un mojón en la carretera.”

A partir de este momento, los amigos se lanzan a una serie de aventuras agrupadas bajo el sugerente título de: PRODUCCIONES FRACASO LTD, cuyo lema es “donde se necesite un fracaso allí estaremos”

Posteriormente, aparece una especie de “libreto” de una película que PRODUCCIONES FRACASO LTD piensa filmar. Entre los parlamentos van apareciendo una serie de preguntas y respuestas que, de alguna manera, nos llevan a pensar al respecto (aunque en el libreto pretendan ser parte de un absurdo, por ejemplo:

P.M.: ¿Qué opinión le merecen personajes de su país como Gabriel García Márquez y Fernando Botero?
Yo: Ninguna.
P.M.: No puede negar que son luminarias reconocidas internacionalmente.
Yo: Esa gente me recuerda a las luminarias del alumbrado público que había en la calle donde nací. Hacía siglos que se habían fundido y nadie se preocupaba por cambiarlas, al cabo, cuando estaban en servicio, tampoco servían para un culo.

P.M.: Sus opiniones sobre el arte han armado un polvorín. ¿Qué opina de ello?
Yo: Sólo dije que la música es un arte que desapareció a finales del siglo XIX, que la pintura acabó poco después y que la poesía no ha nacido aún, que sólo será posible cuando el hombre desaparezca. La poesía, según creo, es alérgica al hombre.

Si sólo pudiera vivir con lo que considero arte ya habría muerto, por fortuna soy capaz de comer mierda como cualquier habitante del planeta, es sólo que no necesito disfrazarla de caviar. Esa es mi diferencia con el resto del mundo: ellos comen mierda todo el tiempo como si fuera caviar, así que cuando tienen verdadero caviar en el plato no lo notan. El notar las diferencias es lo que me hace superior.

P.M.: ¿Qué sugerencias les haría a las nuevas generaciones?
Yo: Les sugiero la inmortalidad del cuerpo y la venta del alma, que en vez de visitar iglesias vayan a las carnicerías.

P.M.: ¿Qué opina del amor?
Yo: es un asunto de velocidad: si no te andas aprisa te joden. Todas esas niñas del culo o del dinero esperan que salgas, apuntan sus balas de plata directo a tu corazón y si no te metes en tu propia velocidad acabarás delirando en una acera como Don Quijote o quizá te conviertas en un perro, al que han apaleado tanto, que lo único que sabe hacer es cubrirse.

P.M.: (el chico) ¿Estuvo enamorado alguna vez?
Yo: Sí, de un popó menguante. Pensar que casi me pudro cuando se fue me hace sentir que soy un popó creciente.

Puedo afirmar que, Erase una vez el amor pero tuve que matarlo, más que el libro clásico que cuenta una historia de principio a fin, del fin al principio, de el nudo al desenlace, etc., es más una obra de ideas que otra cosa. Se trata de un periodo en la vida de un “vividor”, un fragmento de la vida. Y los estragos de esa guerra, eufemísticamente llamada amor.
Retomando la tradición de Fante, Celine, Bukowski, Carver, etc., Efraim Medina toma a la vida real como asunto literario. Que sea la vida misma quien se exprese a través de mi pluma, pareciera decir el escritor colombiano.
También puede verse como un libro de confesión:

Uno se mete a escribir porque no fue capaz de pegarle a un chofer que lo puso en evidencia, porque no destrozó los platos en un restaurante, porque no se enfrentó a un policía loco que insultaba a su novia, porque no le dijo a su madre lo mucho que la amaba y detestaba, porque no escupió a un profesor que decía que la tierra era redonda, porque se dejó ganar el puesto en la fila del cinema, porque no tiene oficio ni beneficio, porque piensa que es una forma fácil de hacer fama y dinero, porque si lo hacen mamarrachos como García Márquez y Mutis uno también puede hacerlo, porque no es bueno para los números, porque no quiere ser médico ni abogado, porque está ardido, porque odia a la gente y quiere insultarla (…) porque, erase una vez el amor pero tuve que matarlo.

LA GUITARRA INVISIBLE. Segmento del libro que intercala las causas que, de manera paralela, “explica” aquello que mueve a los verdaderos artistas a sondear en los bordes de la razón y la vida misma. ¿Por qué un escritor escribe? ¿Porqué un joven guitarrista decide volarse la tapa de los sesos? El resultado (y eso es lo más cagante de todo) es precisamente el mismo desenlace que todo mundo vislumbraba, no el que uno deseaba. Para los iguales, represento la evaporación de una nueva posibilidad y, una vez más, el fin de la primavera.
¿Por qué lo hizo? Carole dijo: Se mató por lo mismo que yo me mataría.

En un párrafo más adelante, nos podemos encontrar con la explicación de porqué diablos el amor debe morir algunas veces. Y no sólo morir, sino mejor aún, porque debe ser asesinado.

Mi amor es sobrenatural, un pecado sin Dios, una telenovela sin fin, un nuevo comercial de margarina. Como a quien debo matar es a mí, mato el amor. Como soy el incendiario, el innombrable, lo nombro a él. Como no he podido explicarle a ella cuánto la amo, se lo explico al mundo (…) A veces pienso que ya no amo a cierta chica, que ese amor ha muerto, pero cada amanecer pequeñas y voraces criaturas chupan mi corazón.

Yo no sé si todo el mundo tenga la suerte de toparse alguna vez en su vida con un amor imborrable, o, al menos, muy difícil de trascender.
En lo personal, alguna vez llegue a la conclusión que, al encontrar a la persona capaz de despertar un amor así, y que ésta decida pasar de largo por nuestras vidas, algo muy dentro de nosotros comienza a ser devorado, como el mismo Efraim lo describe haciendo uso de una fábula titulada el valor de la termita, así pues, el autor nos plantea que esa “termita”, poco a poco habrá de ir devorando al bosque del amor verdadero, hasta dejarnos a la intemperie, hasta dejarnos como presas fáciles de cualquier cazador.


Y a modo de epílogo, algunas de las tantas frases esparcidas entre las 180 páginas de esta excelente primera novela de, según mi parecer, uno de los mejores escritores de Colombia, en la actualidad:


“El amor golpea más fuerte que Tyson, se mueve mejor que Alí, es más rápido que Ben Johnson dopado. Aunque calces 48, el amor puede tirarte al piso y hacerte rodar hasta que no quede un pelo en tu trasero. Para que te hagas en los pantalones al amor le basta un suspiro.”

“A veces hay mujeres, las mujeres son lindas por un rato. Cuando estoy enamorado de una mujer, trato de verla lo menos posible; no me enamoro con facilidad, así que cuando pasa procuro que dure. Quisiera amar otra vez, darle lo mejor de mí a una chica. Lo malo es que no sé qué es lo mejor de mí, no estoy seguro que haya algo mejor en mí.”

“Dijo que mi ideal femenino estaba más cerca de un hada madrina que de una verdadera mujer.”

“En mi opinión, amar a una persona quizá sea más fácil que entenderla pero mucho más peligroso porque el amor siempre duele. Uno puede tratar de entender a alguien pero no puede tratar de amarlo. El amor surge involuntario. El amor puede aumentar o bajar hasta diluirse pero no puede imponerse. A veces nos gustaría amar a determinada persona, incluso podemos comprobar que la persona tiene todos los atributos para que la amemos y no ocurre. Uno se acostumbra a cualquiera con mayor o menor trabajo pero acostumbrarse no es amar. No sé si pienso lo correcto o mis ideas son absurdas pero tiendo a creer que el amor existe, que es una invención del hombre y que ahora está fuera de control. El amor más estúpido y delirante es el de una madre por el hijo pero al menos tiene un piso biológico. Pero pensar que te encuentras a una desconocida y al poco tiempo darías la vida por ella me parece inexplicable.”

“Mónica era buena pero incapaz de producirme amor. Si lo analizo en detalle, ella tenía más de lo que podía soñar y creo que eso era lo malo: para amar a alguien ese alguien debe tener lo justo. Un poco menos es insuficiente. Un poco más hecha todo a perder.”

“Hay gente que come para llenarse el buche y esos pueden vivir sin amor pero no sin compañía. Otros morirían de hambre antes que aceptar algo mal preparado. Estos últimos serán eternos solitarios a menso que den con la medida justa. Cuando se piensa en el amor las ideas no tienen consistencia y quizá por ello los grandes filósofos eludieron el tema pero aunque empalague es obvio que nuestra pequeña vida gira en torno a alguien que nos ha hecho felices idiotas o resentidos sabios.”

“Ustedes dirán que exagero pero ustedes jamás serán ella.”

sábado, 22 de enero de 2011

EL ARTE POP ó LA BANALIZACIÓN DEL ARTE


El arte pop no es otra cosa que el conformismo y la banalización del arte. La evolución de esta corriente artística, lo que hizo fue invertir la antigua ecuación de sujeto-objeto, es decir, si antes los objetos1 servían al sujeto, ahora, con la implementación del nuevo paradigma, es el sujeto quien sirve a los objetos, a través de una idolatra iconografía tanto de personas como de cosas.

Aunque esta corriente artística haya nacido como una reacción ante el Expresionismo abstracto, al que consideraba vacio y elitista, para nadie resulta novedoso enterarse que el arte pop no es más que la loca pretensión de transformar a la publicidad en arte, pues la ideología de tal corriente se basa casi por completo en ésta última. He aquí una evidencia en boca de uno de sus más representativos exponentes: “El diseño es el arte para todo mundo. Una Coca es buena y todas las Cocas son buenas y eso lo sabe Elizabeth Taylor, el Presidente y también un vagabundo” decía Warhol.

El arte pop en su intento por masificar al arte, por sacarlo de las galerías para llevarlo a las calles, terminó por volverlo superficial, efímero, y netamente comercial; lo que equivale a decir que, simple y sencillamente, lo condujo de un extremo al otro.

Si bien es cierto que entre sus argumentos fundacionales el arte pop establece que su función es la de criticar y/o ridiculizar el estilo de vida de consumo norteamericano, así como a los medios masivos de comunicación que lo promueven, sus pretensiones aún hoy en día están muy lejos de posibilitarse, mucho menos de realizarse. El uso de la ironía y la parodia como instrumentos para atacar al sistema académico del arte y la cultura, apenas si han sido capaces de arrancarle una sonrisa sarcástica al verdadero enemigo: el capitalismo especulativo.

El objetivo primordial no está basado en la creación de obras de arte, en el sentido tradicional del concepto ─como algunos de sus exponentes han afirmado─, sino en exponer el trasfondo del estilo de vida norteamericano cimentado en todo un sistema de mecanismos especulativos y manipuladores que le dictan al hombre ordinario cómo debe vivir, ofertándole una gama de distintos estilos de vida. Por supuesto, todos basados en un consumismo displicente. Sin embargo, ese mismo hombre ordinario (al que se supone va dirigida la obra) es incapaz de capturar la ironía aplicada sobre la creación pictórica, quedándose, de hecho, sólo con una imagen publicitaria descontextualizada que lo más que logra es liberarlo del esfuerzo intelectual de interpretar la obra, lo que el anterior estilo, el expresionismo abstracto (de por sí ya sospechoso) le exigía.

Hay quienes afirman que en la actualidad toda cultura es pop, lo cual a mí me parece una afirmación errónea. Pues, sostener una aseveración así, es igual a decir que la cultura está muerta, o que, a la manera de Francis Fukuyama, respecto a las ideologías, dictaminar el fin de la cultura.

El principal problema que yo encuentro en una postura de esta corriente artística es el abandono, o, al menos, relego, que hace de la obra de arte. Al descontextualizar los elementos que utiliza en el proceso creativo de su obra, el artista pop elimina el espíritu gramatical de aquellos objetos de los que se vale para su creación artística, generando, de tal modo, nada más que una simple imagen estetizada de la vida diaria.

La amenaza pop

Sin culpar del todo al arte pop por la condición actual del arte en general, si podemos afirmar que su profundo “culto a la imagen” ha contribuido a la conformación de una cultura estetizada, lo que equivale a decir que la estética ocupa hoy en día un sentido óntico. Atrás quedó el Ser, la Conciencia, e incluso, el Lenguaje, hoy el fundamento reside en la Imagen. Todo es apariencia. Todo es virtual.

La hiperrealidad tecnológica ha terminado por eliminar el sentido fantástico y mágico de la realidad. Tanto ha laxado la antigua interpretación analítico-crítica, que, al final, ha dado por resultado una masificación del gusto y el juicio estéticos.

El arte pop, a través del collage y el pastiche se apodera de las producciones artísticas del pasado (o actuales), eliminando de ellas toda carga semántica, hasta transformarlas en simples adornos y ornamentos superficiales, sin ningún sentido textual argumentativo.

¿Y a dónde nos conduce este relajamiento, y sutil conformismo? Invariablemente a aceptar que todo es válido, aceptable, y ¿útil? Sí, aunque esta utilidad sea puramente decorativa. Entonces la crítica deja de ser analítica, para cobrar matices de fácil aplauso y aceptación ante cualquier producción artística, lo mismo sea mediocre que altamente elaborada, superficial que profunda. Tal parece que a todo el mundo le inquieta decir algo en contra de cualquiera obra, o cualquier artista.

Actualmente nos encontramos inmersos dentro de un nuevo paradigma estético de “todo se vale”, el anterior “elitismo” del arte no es que haya sido superado, tan solo se transformó en un “elitismo de masas”, el cual ya no busca profundidad en la obra, sino simple espectáculo y moda. Se acrecienta una nueva estética que reivindica “el mundo del arte”, es decir, todo aquello que gira en torno al arte (exceptuando al arte mismo, claro está).

La tan mencionada dispersión en las últimas generaciones de creadores, se debe a una falta de centro gravitatorio que las reunifique en torno a principios que exijan del creador estudio, inteligencia y sensibilidad, satisfaciéndose con un puro gusto estético masificado que abandera y promueve el paradigma de lo fácil, ligero, mediocre, en donde la superficie se cambia por superficialidad, y la profundidad es más bien un vacio de propuestas renovadoras.

Hoy en día para ser “rebelde” y “contestatario” basta con tomar un par de cursos en alguna aula de casi cualquier academia artística, o, localmente hablando, en el Centro de las Artes. A lo que me refiero es que ya no parece necesario realizar ningún esfuerzo intelectual, todo se basa en las apariencias, en una destemplada basuralización mediática que (no podría ser de otro modo dadas las actuales condiciones), a lo mucho se contenta con atacar la superficie de la problemática, dejando a la raíz intacta. Y, por lo tanto, cancelando de antemano cualquier propuesta de ruptura e innovación.

Para acabar pronto, el arte pop hace ya tiempo que apesta.

PO(P)STDATA

Con lo anteriormente señalado, no pretendo promover una vuelta a los antiguos totalitarismos académicos (nada más lejos de mis pretensiones), sino simplemente realizar una crítica analítica de los desaciertos del arte pop, los que ni siquiera se relacionan con sus aspiraciones y propósitos, sino con su desafortunado desarrollo en alianza con el mainstream del espectáculo.

Por desgracia, la mayoría de los artistas pop terminaron siendo devorados y digeridos por el mismo monstruo que algún día osaron combatir.

Tampoco debemos sentirnos derrotados de antemano, aunque el problema sigue en pie, nadie ha dicho que la solución para derrocarlo no existe. Pues, mientras el artista puro siga vivo, aún queda una esperanza.

martes, 4 de enero de 2011

TEMPORADA DE CAZA PARA EL LEÓN NEGRO, de TRYNO MALDONADO


La historia se enfoca en la vida de un “genio” de la pintura que se enrrolla con un promotor del arte que proviene de una familia adinerada. Producto de esta relación se genera toda una avalancha de sucesos que concluirán en un trágico desenlace.

Si me lo preguntan diré que sí… que sí me agradó el último libro de Tryno Maldonado “Temporada de caza para el león negro”. No es que se trate de lo mejor que haya leído, pero, dentro de las actuales propuestas editoriales del momento, ésta resulta altamente recomendable. Los riesgos que el autor asume son dignos de agradecer. Tampoco que nadie más los haya afrontado antes (Luis Humberto Crosthwaite, Mario Bellatín). Lo sobresaliente es el atrevimiento temprano y, sobre todo, haber salido en pie.

Entre los aspectos más rescatables y/o sobresalientes del libro, se pueden considerar la estructura de la narración, la evidente crítica al actual estado del arte en general, aunque en esta obra se circunscribe al terreno de la plástica, y la inserción de minihistorias de buena manufactura, contadas por el mejor amigo de Golo, protagonista de la obra, un tal Nostalgic Zebra (el que, según mi opinión, debió haberse aprovechado más en el desarrollo de la trama).

En cuanto a la estructura porque, ya de entrada, visualmente provoca en todos los sentidos. De la crítica, porque justifica el primer punto, es decir, el romper con los formatos tradicionales de la comercialización. Y el tercero, por lo ya antes mencionado, aunado a que, a pesar de sus muy limitadas apariciones, se convierte en un personaje bastante entrañable.

Si me lo preguntan diré que sí…vale la pena leer este libro.

martes, 14 de diciembre de 2010

LA FILOSOFÍA EN LOS TIEMPOS DE LA DESESPERANZA


Hace poco, releyendo el libro “Manual del distraído” de Alejandro Rossi, me encontré con una aseveración que me pareció muy acertada: es posible que el filósofo, hombre prudente, regrese a las artesanías, a los oficios o a la vagancia.

En uno de los textos que integran el mencionado volumen de narraciones ensayísticas, titulado simplemente “Enseñar”, Rossi nos revela que a partir del siglo XIX la mayoría de los filósofos son profesores. Atrás quedaba la imagen paradigmática del hombre meditativo, dedicado en cuerpo y alma al estudio y reflexión de las grandes interrogantes de la humanidad. Es necesario señalar que tal actitud no provenía de determinadas condiciones, sino que, por el contrario, las características de la vida de aquellos hombres variaban, e iban desde el que, como Descartes, disponiendo de solidas rentas, viaja, vive retirado, elige sus amistades, establece sus horarios de acuerdo con sus gustos; carece de obligaciones pedagógicas, no dicta clases, no corrige exámenes, no revisa planes de estudio, dormita, escribe, hasta el que, como Spinoza, se dedica a pulir vidrios. Entre estos dos extremos, existe una amplia gama de características propias, de acuerdo a cada pensador.

Entonces, encuentro que el punto a partir del cual se generó el cambio de paradigma, se debe menos a una cuestión en la manera de entender a la filosofía, que en la forma de desarrollarse dentro de ella. El mismo Wittgenstein exigía del filósofo: ascetismo, intensidad, concentración. Porque la filosofía no se trata de otra profesión más, sino de un llamado, de una vocación singularísima. Y como tal hay que afrontarla.

Recuerdo cuando, al poco tiempo de haber concluido mis propios estudios universitarios de filosofía, alguien me cuestionó: ¿Oye, y una vez que terminas de estudiar eso, si es posible encontrar un buen trabajo, es decir, en donde percibas un buen sueldo y puedas llevar una vida cómoda y desahogada? A lo que le respondí que yo no había elegido estudiar filosofía para ganar mucho dinero, sino que, simple y sencillamente deseaba estudiar filosofía. Y punto. Además, le aclaré que alguien que ingresara a ese tipo de estudios con la idea en mente de obtener magnos ingresos, de entrada estaba destinada al más rotundo de los fracasos.

Por lo regular los individuos que eligen consagrarse a la actividad de la filosofía, de antemano son considerados como seres pensantes o, al menos, así se consideran ellos mismos. Así que, siendo individuos pensantes, sabrían que para obtener buenos ingresos como profesionistas, lo correcto sería dedicarse a estudiar medicina, derecho, contaduría, o casi cualquier otra profesión, antes que la filosofía. Pues, dentro de un mundo con las características del cual nos encontramos, bien podríamos decir que (junto con la poesía, y todas las bellas artes en general), no sirve para nada. Y no sirve para nada, porque no nos facilita la vida, sino que, por el contrario, usualmente viene a complicarla aún más.

La filosofía no es una de esas profesiones cuya principal función reside en generar soluciones rápidas, sencillas y eficientes ante problemas inmediatos. No, definitivamente, esa no es su función.

Lo que el estudio de la filosofía ofrece, es el desarrollo de ciertas capacidades que habrán ya no brindar una solución para un determinado problema, sino la capacidad de generar una solución ante cada nuevo problema, indeterminado.

De acuerdo a lo anterior, la filosofía en estos tiempos de desesperanza y caos, representa un excelente resguardo y/o tabla de salvación ante la histeria colectiva generada por las actuales condiciones de vida, tan adversas para una convivencia social armónica y pacífica.

Pienso que la filosofía debe ser más una actitud ante la vida que una condición social o de estatus. Volviendo urgente y necesario rescatarla del enclaustramiento al que ha sido sometida dentro de los muros de las universidades.

La filosofía nunca ha necesitado de comodidades o privilegios para desarrollarse. Incluso, volviendo a Wittgenstein, algunas de las obras filosóficas más importantes fueron gestadas en medio de los ambientes más desoladores y caóticos, tal es el caso del Tractatus Lógico-Philosophicus, el cual nació en medio de las trincheras de la primera guerra mundial.

Si se piensa con calma, uno encuentra que la apuesta no resulta tan descabellada, sobre todo considerando que, a fin de cuentas, la universidad no es sino el reflejo de la sociedad, es decir, rígida, artificial, y autocomplaciente. Y porque la filosofía no se trata de un conjunto de teorías, sistemas de pensamiento, o doctrinas que enseñen, sino de una actividad que muestra.

Hoy es casi un imperativo que la filosofía vuelva a ser una práctica común. Tan común que le sea accesible, al empresario, zapatero, artista, o vagabundo, por igual.